sábado

La peor-mejor enchilada de mi vida

Era la hora de comer, Carmen y el "Chango" no se ponían de acuerdo en lo que yo traería. Sabiendo que los dos son muy exajerados para comer chile, los presioné diciéndoles que si no se decidían, traería tortas ahogadas.

En aquella ocasión se pusieron de acuerdo entre ellos. Por ahí del mes después, el saborcito de las tortas ahogadas seguía sacando un granito en mi lengua. Se lo comenté a Carmen y al día siguiente fuimos.

Hacían varios años que no comía una torta ahogada (creo que solo las comí una vez). Entramos al lugar y nos sentamos. Veo el servilletero lleno y le digo a Carmen en broma mientras me las arrimo -todas estas son para mí solito.

Cuando pido la torta...

TORTERO: ¿Cómo la quieres de picosa?
YO: ¿Cómo gradúas la intensidad?
T: Un medio, tres cuartos, y así.
Y: Dámela tres cuartos.
T: ¿Estás seguro? (con tono dudoso)
Y: ¿Qué?, ¿Es múcho? (pretendiendo no asustarme)
T: Sí, la verdad sí. (repitiendo el "sí" para enfatizar y con aire retador)
Y: Pos dáme la media. (con actitud alardeante)
T: De todos modos es mucho. (pretendiendo asustarme)
Y: Tú dámela. (con un tono de "¿qué timporta? me la voa comer YO, no TÚ")
T: Muy bien. (con actitud de "conste que te advertí, luego nostés chillando")
Cuando mi platillo llega, veo un plato hondo lleno de salsa, dos mitades de birote duro a medio remojar, llenas de carnitas y cubiertas con más salsa un poco más oscura que la del plato. Embarro mis dedos en la salsa mientras agarro una mitad para morderla. La dirijo a mi boca lentamente, acomodándola de tal forma que el primer bocado vaya cargado de salsa. Le doy la primera mordida...

Inmediatamente mis ojos se llenan de lágrimas, me empiezan a sudar los labios, el área del bigote, la nariz, los pómulos, los párpados, las cejas, la frente, las orejas, las sienes, las mejillas, la barbilla, el cuello. Hay salsa en mis dedos y manos, escurriendo hasta las muñecas.

Al haberme comido la parte que tenía la salsa, descubrí que las carnitas que quedaban no tenían, así que tomé una cuchara para echarle más de la del plato. Al hacerlo, descubrí que era solo salsa de tomate, sin pícante, y que la salsa de la torta era solo picante, sin tomate. Desde ese momento hasta que terminé, fuí rebajando la salsa de la torta con la salsa del plato.

De repente, mientras comía, escuché a Carmen decir -Ni me estás poniendo atención, ¿verdad?. Le contesté que en ese momento tenía todos los síntomas de la influenza AH1N1: sentía que el cuerpo me ardía, tenía un agudo dolor de cabeza a los lados de la nuca, escurrimiento nazal, y lo unico que oía era un creciente y extremadamente agudo "iiiiiiiiiiiiiiiiiii".

P.D. Al terminar no quedaban servilletas limpias.